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Mi primer artículo sobre el ayuno

Jueves 2 de fFebrero de 1984, en Diario de Ibiza.

El ayuno puede salvar su vida

En este quinto día de ayuno total (sólo con agua si tengo sed), me siento tan feliz y satisfecho que me ha surgido la idea de compartir mi experiencia con los lectores de Diario de Ibiza.

Ayer, he cortado leña para mi estufa y hoy, yendo en bici por la ciudad, he cumplido normalmente con mis asuntos corrientes.

No tengo hambre.

Muchos pensarán que estoy loco, y que voy a ponerme enfermo.
Pues no, todo lo contrario.
El ayuno es para la recuperación de la salud, o simplemente su protección.

¿Quién habla de ayuno hoy en día?
En realidad, desgraciadamente poca gente.

Sin embargo, el ayuno es la manera más natural, más sencilla, más inocua (sobre todo si se compara con las terapias medicinales) y más eficaz de solucionar todos los problemas de mantenimiento de nuestro vehículo físico mental, cuerpo y mente.

El ayuno no cura nada por sí mismo, pero es el medio de descanso absoluto que permite al cuerpo auto-curarse.
Porque ninguna medicina, ningún médico o curandero, nada ni nadie puede curar. Ayudar, si curar, no.

Sólo el cuerpo, en su extraordinario complejidad y perfección, tiene en sí mismo los mecanismos auto-reguladores y regeneradores necesarios y suficientes para restablecer la salud.

Lo único que tenemos que hacer es establecer las condiciones favorables al trabajo de la Naturaleza.
El ayuno es la primera condición y la más importante.
Las otras son prácticas de higiene física y mental: agua, aire, sol, descanso y ejercicio moderado, ambiente psicológico favorable y pensamiento justo.

Seguir comiendo en estado de enfermedad, indisposición o desequilibrio físico o mental es una locura que ha costado ya muchas vidas. Un cuerpo enfermo no necesita alimento y muchas veces lo rechaza. El hambre no es compatible con la enfermedad.
Comer en estas circunstancias es suicida.

Una observación rápido del reino animal no ensena el juicio sano: un animal enfermo deja de comer y descansa. Y a veces, se purga para eliminar las toxinas acumuladas, origen del problema.

Pero el importantísimo papel que podría desempeñar el ayuno en nuestra sociedad viene impedido por los miedos y prejuicios que limitan nuestra apertura de mente y que son el resultado de una larga desinformación por parte de la medicina oficial que se ha indebidamente apropiado el tema de la salud.

Sin embargo, la práctica del ayuno viene de siglos atrás, no sólo en asuntos de salud sino también como ritual religioso y hasta como verdadero modo de vida.

El ayuno es una ciencia y un arte que va mucho más allá que el sencillo hecho de no comer.
La Biblia y Homero hablan del ayuno. Era utilizado en el mundo egipcio y greco, y por lo médicos árabes.
Más cerca de nosotros, el doctor E.H. Dewey, Ann Wigmore, Herbert Shelton e, EE.UU. y Arnold Ehret y los doctores Yves Vivini y Edouard Bertholet en Europa, han dedicado su vida a ayudar a la humanidad con el ayuno. Han escrito numerosos libros y dirigido miles y miles de ayunos con todo éxito, algunos de hasta 90 días de duración.

El autor de estas líneas pudo comprobar al igual, sobre él mismo, y sobre muchos enfermos abandonados por la medicina tradicional, los todopoderosos efectos del ayuno-milagro.

Una lista de las enfermedades curadas no cabría en este artículo, desde el resfriado común hasta el cáncer de los huesos generalizado, pasando por la rehabilitación de toxicómanos, el adelgazamiento o el ganar peso (¡sí, se ayuna para engordar! El cuerpo, después de haber normalizado sus funciones de asimilación con el ayuno, recupera su función de asimilación del alimento).

Cabe destacar el carácter espectacular de muchos de los casos de cura con el ayuno. Desgraciadamente, la gente no se atreve a ayunar hasta que hayan probado todos los recursos de la medicina oficial, sin éxito.
Luego, al fracasar las curas químicas y tecnológicas, en un estado de salud a menudo desesperado, aceptan el ayuno como última esperanza (si es que les ha llegado la noticia de que el ayuno puede ser un recurso…), y se recuperan.

Pero si hubiesen ayunado antes, o como prevención, antes de que aparezcan síntomas de enfermedad, es decir, ayunando un día a la semana, por ejemplo (una muy buena costumbre), se hubiera evitado todo problema.

Repito que ayunar un día, o dos o tres, es muy fácil, sin cambiar nada de sus ocupaciones diarias, con un poco de costumbre y los consejos que muy fácilmente se encuentran en muchos libros.

Naturalmente, hay críticas del ayuno, pero como dice el doctor Rabogliati, de Inglaterra: “Las críticas más populares del ayuno vienen de gente a la que nunca ha faltado una comida ».

 

Bernard Claviere
Titulado del Hippocrates Health Institute, Boston, MA (USA)

 

Ver el artículo tal como se publicó en Diario de Ibiza:

El ayuno puede salvar su vida

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